Glenda Priego

In case she dies

Glenda Priego
In case she dies

Texto por Félix Cordero
Ilustraciones por Glenda Priego 

“Me gusta la idea de uno dejar algo y que la gente lo pueda ver, conocer, no sé si sea importante o no, pero para mí sí lo es.”

Líneas. Blanco y negro. Dicotomías.

Las vueltas que da la vida nos llevan a seguir instintos que responden a llenar ciertas carencias de la mente o el espíritu. Por ejemplo, cuando Glenda Priego decidió aprender a tatuar a principios del 2018 en vez de aprender a bailar salsa, encontró ese quehacer que la hace levantarse a bocetar a las 4 de la madrugada.

En caso de que alguno de ustedes muera, no se irán sin antes conocerla; Glenda es un ser humano que disfruta trazar líneas sobre la piel de sus canvas, lo blanco y negro, las dicotomías, y especialmente, observar el comportamiento de las personas que la rodean. Descendiente de una familia con un profundo amor por el arte y la cultura, tanto en la práctica como en la teoría, Priego no tenía previsto convertirse en una artista, o mejor dicho, ni siquiera se considera una.

Cuando empezó a subir sus ilustraciones a Instagram, todos sus seguidores descubrimos una voz y estilo que juega con la ironía, sin mucha atención en la proporción anatómica y amor por lo monocromático. En cada ilustración de Priego, yace una pequeña historia que busca ser interpretada. Las imágenes que crea derivan desde bella naturaleza muerta y objetos preciosos, cuerpos humanos distorsionados, hasta escenas de novela gráfica existencialista protagonizadas por su ‘’alter- ego’’.

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¿Qué rescatas de tu infancia?

G:
Mi infancia fue muy libre; siempre me dejaron elegir por lo que en ese momento tenía una curiosidad. A veces pienso que eso no necesariamente te da estabilidad porque te acostumbras al cambio; de repente estás haciendo algo, te cansas y vas a otra cosa. Sin embargo, aunque considero la estabilidad como algo importante, también pienso que en esos cambios tú das con algo que te va a mantener estable.

Como estás en la segunda mitad de tus 20’s, creciste en los inicios de las redes sociales.

G:
En mi adolescencia fui una chica de MySpace y Hi5, y por ahí conocí a la mayoría de mis amigos que todavía son mis amigos. Las redes sociales no eran como ahora, antes era más como propio de la edad, de chiste, de subir una foto, de interacción, pero ahora siento que las redes son una herramienta que te permiten hacer otras cosas.

Por ejemplo: capitalizar la vida.

G:
(Risas) Exacto, como capitalizar la vida.

Instragram, he observado, es tu carta de presentación al mundo, de la manera más profesional posible.

G:
Soy un poco psicorígida con algunas cosas. Tal vez a simple vista no se ve pero ya en lo personal tengo muchas barreras personales que pienso cambiar pero al mismo tiempo me gusta que sea así, es como una dicotomía constante.

Con el Instagram todo pasó muy fluido, ni siquiera fue un plan que yo dije “a partir de esta fecha haré esto” sino que la misma vida me fue dando cosas y de esas cosas yo cogía, armaba y organizaba. Pero definitivamente Instagram es mi portafolio y por ahí he dado a conocer lo que la gente conoce de mí.

Hace mucho te dije que amo tu biografía de Instagram, el “in case I die”.

G:
El “In case I die” —en caso de que muera— me da mucha risa porque suelo pensar que en cualquier momento puedo morir. Ese pensamiento trabaja mucho en mi cabeza y esa misma idea es la que me impulsa a seguir haciendo cosas. Hay días en que pienso que tengo todo el tiempo del mundo, pero al otro día entiendo que no tengo todo el tiempo del mundo. Entonces, in case i die, aquí dejo algo. Me gusta la idea de uno dejar algo y que la gente lo pueda ver, conocer, no sé si sea importante o no, pero para mí sí lo es, es una parte de mí.

Yo no puedo pelear con la realidad que vive cada persona; cada uno tiene una idea de cómo tiene que vivir su vida y eso es muy personal. Antes tenía una lucha de que la persona tiene que seguir un estilo de vida, una cosa, y después dije no.

¿Qué estilo de vida creías que debe seguir una persona?

G:
Que sea organizado, que sea medido, que no haga nada en exceso, es muy propio de esa mentalidad psicorígida que tengo, pero rompí algunas barreras para entender que cada mundo es diferente al mío, que yo solo puedo aplicar eso a mi vida.

“Si te estoy condicionando a lo que quiero que tú seas, no te estoy conociendo a ti, estoy conociendo algo modificado por mí.”

¿La mesura es importante en tu vida?

G:
En mi vida sí. Antes lo generalizaba, e incluso evitaba muchas personas porque las juzgaba por el estilo de vida que llevaban. Pero a medida que fui creciendo entendí que esas medidas que llevo solo las puedo aplicar a mí.

Y le quita el gusto a la interacción humana...

G:
¡Claro que sí! En el dejar ser al otro uno descubre mucho de otra persona. Porque si te estoy condicionando a lo que quiero que tú seas, no te estoy conociendo a ti, estoy conociendo algo modificado por mí misma que de repente es un reflejo de mí.

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Qué curioso como una persona que se autodenomina psicorígida cómo se convierte en tattoo artist...

G:
El haber estudiado psicología me ayudó mucho a romper ciertos tabúes y comencé el tatuaje como un hobbie para romper mi rutina de trabajo-casa, trabajo-casa. Quería hacer otra cosa en mis tardes. Eran dos opciones, una era aprender a tatuar y la otra aprender a bailar salsa. Entonces calculé y me dije “Glenda tu no sales a bailar, no eres una gente de irte un fin de semana a bailar salsa” pero entonces, me gusta dibujar, me gustan los tatuajes, déjame aprender a tatuar. Empecé a tatuar en enero del 2018 y de repente me di cuenta que esto era lo que quería hacer, renuncié mi trabajo a los tres meses y estoy en esto cien por ciento.

¿Has podido relacionar la carrera de psicología con el tatuaje?

G:
Cuando me hacen pedidos de ilustraciones aplico mucho la psicología ahí, porque ya es una conversación directa con la persona que hay veces que no tienen claro lo que quieren entonces hago una serie de preguntas específicas. Me hace sentir que no he abandonado por esa parte sino que la estoy aplicando de otra manera.

Debe ser difícil encontrar libertad en lo que vayas a crear, dado que es una negociación constante con un cliente.

G:
Hay algunos que me dan libre albedrío, que literalmente me dicen que haga lo que quiera. Son pocos, pero me gusta mucho cuando pasa porque son personas que confían en mí. Incluso me da miedo que alguien confíe en mí de esa manera, pero al mismo tiempo me da felicidad. No me gusta pensar que tengo como una ventaja sobre ellos, porque aun con ellos dándome esa libertad, sigue siendo su piel.

Sin embargo, tengo algunas reglas. Por ejemplo, no me gusta hacer nombres de parejas, imágenes creadas, de estos diseños que encuentran en Pinterest. Me gusta más trabajar con la idea de la persona, pero muchas veces es más difícil porque hay personas que no te dejan esa libertad, y ahí lo refiero a otro artista.

¿Has tenido que rechazar a clientes por diferencias?

G:
Lo he hecho algunas veces, porque hay ideas en las que no creo. Es un poco egoísta pero creo que el trabajo no me saliera tan bien, y no quiero trabajar pensando en dinero. Prefiero dejar de ganármelo y hacer algo de lo que me sienta orgullosa.

Claro, un artista debe conservar su discurso, ¿no?

G:
Me molesta a veces la palabra artista...

¿Por qué?

G:
Yo no estudié arte. Los artistas son personas que admiro mucho, que tienen mucha preparación académica, mucha educación, te lo digo porque mi familia es de artistas que han estudiado. Entonces, estudie psicología y creo que esa carrera fue lo que me brindó la herramienta de poder dibujar cosas. Creo que llamarme artista es un cargo muy grande para mí todavía.

Dibujo desde octavo de primera. Las agendas de la tarea las llenaba de dibujos. Ahí tuvo mucha influencia mi familia. Mis bisabuelos eran pintores, escultores, mi abuelo, Joaquín Priego, también fue escultor, profesor de historia de arte, se dedicó a lo que es la cultura taína, tiene un libro que se llama así mismo “Cultura taína”, líndisimo, que tiene unos dibujos que hacía de la interpretación de trigonolitos y figuras taínas. Mi papá fue ilustrador, publicista, caricaturista, y mi hermano pinta, mi hermana es músico. Tenemos el aire muy a flor de piel, pero como hija rebelde que soy, no estudié arte, estudié humanidades.

La punk de la familia, psicología y humanidades en vez de arte.

G:
Sí, pero increíblemente la psicología me ayuda mucho a entender el arte, o sea que no me arrepiento de haber hecho esa carrera de ninguna manera.

¿En qué trabajabas exactamente?

G:
Hacía estudios de mercados centrados en la cultura de los pueblos, antropológicos y sociales. Me encantaban los trabajos de campo que me hacían salir de la oficina; ese 8:00 AM a 5:00 PM trabajando con hojas de cálculo, fórmulas, concentrada para no cometer ningún fallo me estaba matando.

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Como sea, en tu nuevo trabajo debes estar igual o más concentrada aún.

G:
Sí, claro, pero siento que estoy creando algo que al mismo tiempo estoy viendo. Me emociona mucho cuando comienza a tirar una linea sobre la piel, que veo un resultado ahí mismo.

No a largo plazo.

G:
Exacto, no que llenaré esta plantilla y después hay que pasarla por otro lado y que fulano la va a corregir. El resultado del arte es más directo y gratificante.

¿Ha habido un cambio en tu relación con el cuerpo desde que tatúas?

G:
A mí me pasa algo muy raro porque veo un cuerpo y pienso que sí, algo se vería bien ahí, pero también me da una paz cuando veo un cuerpo sin nada.

¿Cómo empieza una ilustración?

G:
Intento también que más que técnica que tenga un trasfondo, un concepto, una idea detrás de lo que muestro. Que no sea algo tan simple, sino un poco más profundo, más personal. Cuando dibujo pienso mucho en teorías de psicología y trato de interpretarlas. No es un esfuerzo, sino que me sale natural. A veces me da risa que la gente me pague por el trabajo que siento que sale tan natural, pero al mismo tiempo me sorprende que le guste porque es algo muy personal. He encontrado gente a la que le pregunto por qué decide tatuarse tal dibujo, y me dan una explicación totalmente diferente a la mía pero para ellos es valida. Son perspectivas y eso me encanta, ese descubrimiento de cosas, significados. Mucha gente me pregunta sobre las líneas; a mí me encanta hacer líneas, y para mí la mayoría de las cosas empiezan con una línea, y finalizan con una línea.

He visto como en un solo año tu trabajo ha cambiado, o mejor dicho, evolucionado.

G:
Eso te digo, es la vida misma que me va poniendo ideas de repente. Incluso, tengo muchos “canvas humanos” que llamo y les digo que quiero inventar algo nuevo, aceptan, lo intento, y aunque me salga bien en ejecución, si no me gusta, vuelvo a lo anterior.

Pero vas integrando, me imagino.

G:
Creo que el cambio es necesario en el crecimiento. Aunque cambio es un sinónimo de crisis, o sea, cada cambio es una mini crisis, pero creo que que son necesarias para crecer.

Una mini crisis al día no hace daño.

G:
No, las mini crisis no son malas, las crisis continuas son el problema.

“En el fondo, es un desapego, porque te haces algo que crees que es permanente pero te estas desapegando a esa idea también. Esto -señalando sus tatuajes- no es permanente, los voy a tener hasta un momento.”

Hay una idea que viene trabajando mucho en mi cabeza: los tatuajes son permanente, pero los humanos no somos permanentes. Siendo un poco más directo; al final, tu obra se va a pudrir.

G:
Sí, créeme, lo he pensado mucho. Es curioso, hace un tiempo estaba bromeando con un amigo, le dije que tenía una idea muy mala en la cabeza pero se la tenía que decir: reunir a toda la gente que he tatuado y proponerle que me den ese pedazo de piel para preservarlo y enmarcarlo.

Aparte de eso, son muchos los factores que se mezclan en lo que acabas de decir: Kocko, el dueño del estudio donde trabajo, me preguntó qué iba a hacer cuándo alguien copie o tatúe una de mis ilustraciones. Mi idea principal es que lo que le hago a un cliente no se lo hago a nadie más, puedo hacer replicas bajo el mismo concepto pero nunca igual. Yo le dije que no tengo idea, o sea, no creo que eso ni vaya a pasar. Pero a raíz de que las personas que tatué se van a morir en cualquier momento, tal vez pase como Sailor Jerry que es uno de los tatuadores principales de American Traditional, que sus tatuajes ya se lo hace la gente en general, y así ha logrado trascender.

No lo he pensado, pero al mismo tiempo me agrada la idea de que sea pasajero porque realmente nada dura una eternidad. En el fondo, es un desapego, porque te haces algo que crees que es permanente pero te estas desapegando a esa idea también. Esto -señalando sus tatuajes- no es permanente, los voy a tener hasta un momento.

Al final, siempre he considerado al tatuaje como un arte muy humano y de un intercambio inmediato.

G:
Sí. Considero que aquí no se le da el valor que amerita. Incluso no solo la gente que no se tatúa, incluso la misma gente que se tatúa, tiene una barrera en permitirle al artista hacer una obra desde cero. Ven algo en las redes sociales, una X plataforma, y le da miedo permitirte hacer un rediseño porque no saben cómo se va a ver porque ya están viendo algo creado, entonces que le hagas algo desde cero, lo van a comparar con la idea original. Pero lo respeto.

Por eso comencé desde cero a hacerlo así, con mi estilo, solo haciendo lo que me gusta.

Desde que te conozco, siempre me pareciste una persona con gusto, y con eso me refiero a que sabes lo que te gusta y lo que no.

G:
Creo que en esa parte se lo debo mucho a mi papá. Recuerdo como ahora una vez llegué con un piercing extra en la oreja, fui al estudio de él y le dije “papi, parezco artista, ¿verdad?” y su respuesta fue “Ese arete pónselo en tu trabajo”. Y eso se me ha quedado desde siempre, no es como me vea, sino lo que yo pueda crear. Pero esa creación, ese buen gusto, se obtiene con mucha cultura. Para tener buenas ideas, hay que tener contenido en cabeza, un cúmulo de buenas referencias.

Para seguir el trabajo de Glenda puedes seguirla en @glenda.priego

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